15M: ¿Una Tormenta en una Taza de Té?

LLYC
por
26 mayo 2011

© Pedro Rufo / Shutterstock.com

Comienzo con dos tesis incontrovertibles.

Primera Tesis: “La Gran Recesión” que vivimos actualmente, y que, al parecer y desgraciadamente, se encuentra todavía lejos de resolverse, está dejando un parte de bajas sociales terrible.

En efecto, las consecuencias de este tsunami económico están siendo el paro generalizado y cronificado, la precariedad en las ayudas del Estado a los más desfavorecidos, el empobrecimiento generalizado de las sociedades, que, en algunos casos, se retrotraen a los niveles de riqueza y desarrollo en los que se encontraban hace años, y, lo que es más dramático, la desaparición de la esperanza para toda una generación de jóvenes que comprueba cómo sus aspiraciones legítimas de aprender, formarse, desarrollarse profesional y personalmente y, en definitiva, seguir el curso natural del progreso hacia niveles de educación y vida superiores a los de sus padres no van a verse cumplidas.

Segunda Tesis: El actual sistema democrático basado exclusivamente en la representación ciudadana a través de un voto que se realiza de forma esporádica y que se canaliza por estructuras de partido profesionalizadas, burocratizadas y opacas a la influencia de la sociedad civil está en crisis.

Sin duda, la frescura de la democracia directa, consustancial a los primeros sistemas democráticos de los que se dotó el ser humano, la capacidad de que los políticos interioricen y hagan suyas las demandas de la sociedad, la renovación permanente de los gestores públicos para evitar los vicios del clientelismo y la corrupción y la apertura de la política a aquellos que, desde la sociedad civil, sientan en algún momento de sus vidas el impulso, y puedan satisfacerlo, de contribuir a la gestión de los asuntos públicos incorporando, inicialmente, su experiencia profesional previa y puedan, posteriormente, trasladar esa trayectoria en la administración de lo colectivo a su siguiente etapa profesional fuera de lo político se han perdido.

Entiendo que ese es el sustrato legítimo y comprensible de la erupción social en la que se ha convertido la movilización que se ha venido en denominar el 15M. Erupción, que como está sucediendo con las revoluciones del mundo árabe, ha sido generada e impulsada por el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y, fundamentalmente, por el nuevo tejido invisible de interconexión que representan las redes sociales de Internet.

Dicho esto, la clave de lo acontecido hasta ahora es si esta explosión de frustración será capaz de organizarse, de dotarse de programa y objetivos, de convertirse en interlocutor legitimado ante las clases dirigentes y de conseguir logros tangibles a esos dos grandes problemas sociales descritos más arriba. La alternativa sería más bien lamentable y penosa porque el 15M correría el riesgo, si no, de pasar a la historia como una pequeña nota a pie de página en una crónica política sobre un proceso electoral menor sobre un “happening” colectivo acontecido durante unos maravillosos días de primavera y que dejaría un reguero de pancartas, molestias a los comerciantes en las zonas ocupadas, malos olores y la frustración añadida de que lo fundamental sigue sin abordarse.

Jorge Cachinero, Director Senior de Innovación y Desarrollo Corporativo de LLORENTE & CUENCA

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